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Noviembre – Kiektik – Fernández: cursos presenciales en CISA

DATOS Y SENTIDOS DE LAS REDES Y SUS BASES DE DATOS

Profesor: Mario Lucas Kiektik

 Objetivo general: Presentar y ejercitar en su uso técnicas y softwares de data mining y big data

 

¿Cuándo? Lunes, entre las 18.30 y 20.30 hs., del 7, 14 y 21 de noviembre y 5 de diciembre de 2016 (el 28 de noviembre feriado).

Costos: $ 1.200.- Descuentos a grupos

Cupos limitados.

El curso se realizará en Arcos 2215. Of. 302. C. A. B. A.

Inscripción: Escribir a cisa.arg@gmail.com

  

MEDIATIZACIONES: PARECIDOS Y DIFERENCIAS EN LA ACCIÓN

Profesor: José Luis Fernández

 Objetivo general: Comprender las diferencias de cada mediatización para encontrarles el espacio más eficaz y eficiente en cada estrategia comunicacional

 ¿Para quién está pensado el curso?

Investigadores en discursos públicos, community managers, responsables comunicacionales y de prensa, figuras públicas.

¿Cuándo? Jueves, entre las 18.30 y 20.30 hs., del jueves 10 al 1ro. de diciembre

Costos: $ 1.200.- Descuentos a grupos

Cupos limitados.

El curso se realizará en Arcos 2215. Of. 302. C. A. B. A.

Inscripción: Escribir a cisa.arg@gmail.com

Algunos puntos de vista para investigar lo social

Desde cada una de las ciencias sociales se proponen distintos niveles de observación mediante los cuales se construyen objetos sociales de diferentes características pero también con extensiones diferenciadas. Muy esquemáticamente, encontramos tres distancias de observación que generan perspectivas que construyen diferentes objetos:

  • una perspectiva macro desde la que se describen objetos complejos y extensos como la sociedad, la cultura o el sistema discursivo con sus respectivos elementos de conflictos claves: clases sociales, estilos de vida o discursivos, acciones, géneros y modos y medios de comunicación;
  • una perspectiva medium, más cercana al fenómeno social, en las que observamos escenas de intercambio y conflicto: relaciones productivas, situaciones de exposición o lectura de obras de arte o equivalentes y de percepción de medios;
  • y una tercera perspectiva micro en la que se enfocan productos: objetos industriales o artesanales, textos artísticos o mediáticos.

En términos generales, esta perspectiva está relacionada parcialmente, por un lado, con lo que se denomina microhistoria (Revel 2005) y también se relaciona, por el otro, con la microsociología en tanto que “teoría de los momentos comunes”  (Joseph 1999: 115). Pero parece imposible hablar de una microsemiótica porque, si bien es inevitable en algún momento referirse a cuestiones macro, el oficio del analista semiótico es micro.

Sólo para mostrar que este esquema es duro pero suficientemente abarcativo frente a diferentes problemáticas de lo social, veamos cómo funciona respecto, como ejemplo, de la alimentación: una sociedad, desde un punto de vista macro, se alimenta privilegiando lo recolectado o lo cultivado, lo animal o lo vegetal, lo crudo, lo asado, lo industrial o lo natural, etc. Desde un punto de vista medium, lo hace en lugares privados o públicos, individual o grupalmente, etc. Y desde un punto de vista micro compone su dieta con platos que construyen menús.

Para comprender el funcionamiento de una sociedad, una cultura o un sistema discursivo, es evidente la necesidad de articular los tres niveles. Este libro está construido aceptando que esa articulación entre perspectivas no es sencilla, y menos automática, y que la novedad del sistema—lo no sabido, lo que cambia las concepciones acerca de los niveles medium y macro—se captura genéricamente en el nivel micro. De todas maneras, en la explicación científica no se trata de pasar de lo simple del dato micro a lo complejo del modelo macro, ni de lo inverso, de la complejidad de lo observado a la simpleza del sistema, sino que se trata, siguiendo a Lévi-Strauss (1964: 359), de la “sustitución de una realidad menos inteligible por otra más inteligible”.

La ventaja que presenta la elección de un enfoque de investigación que acentúe el esfuerzo en ese análisis micro, desde la materialidad textual que va produciendo la sociedad, es permitir la incorporación de novedades de conocimiento a nuestras concepciones acerca del conjunto del devenir social; en cambio, el camino inverso suele presentarse como una barrera que impide el avance novedoso.

En términos generales, el efecto de opinión apocalíptico o integrado que aparece en la sociedad frente a un fenómeno nuevo responde al privilegio de lo macro. De ningún modo consideramos secundaria la información proveniente del conocimiento de áreas extensas del funcionamiento social, pero el esfuerzo innovador debe estar puesto en contribuir a la observación desde lo micro. Recién desde allí es posible establecer conclusiones sobre aspectos más generales de la vida discursiva y acerca de relaciones de lo discursivo con otros ámbitos de la vida social. Por supuesto que estas observaciones son válidas estrictamente sólo para el desarrollo de investigaciones y no necesariamente son aplicables al “pensamiento en general” sobre nuestros temas.

El traer a la escena lo teórico y lo metodológico y técnico por un lado, y la constitución del objeto de estudio por el otro, permite dar un lugar a dos sesgos de enfoque que, en sus extremos, podríamos denominar aplicacionismo y adhoquismo (en el sentido en que se diferencia investigación ad hoc de investigación sistemática). Hay aplicacionismo cuando, privilegiando los modelos teóricos, metodológicos y técnicos utilizados, se fuerza al objeto de estudio hasta deformarlo de tal modo en las características que lo hacen reconocible para la sociedad que, quien lea el informe pueda discutir su propia existencia, al menos en los rasgos que lo distinguen allí. Hay adhoquismo, en cambio, cuando hay enfoque directo sobre el objeto y, a partir de las observaciones se van construyendo modelos de descripción y explicación que acompañan el conocimiento que va generando la propia observación.

Existe la tentación de resolver con supuesta elegancia esta cuestión mediante dos procedimientos. Una posibilidad es la búsqueda de un punto medio de respeto, tanto a lo teórico, como al objeto; la otra es acudir a la metaforización, mediante el recurso al tan útil término de tensión al que se debe volver recurrentemente. Sin embargo, conviene observar que entre el modo de sesgar de ambos extremos existe una diferencia irreductible de estatuto.

Mientras del lado del aplicacionismo el riesgo es, en el mejor de los casos, que se tiña de un gris indiferenciador el conjunto de una investigación y, en el peor, caer en lo esquizoide o en lo risible, la situación desde el adhoquismo es totalmente distinta. Imaginemos el caso de alguien que –simplemente, sin más ayuda que el sentido común o algún ordenamiento lógico formal—se dedica con obsesión a observar—y a anotar el resultado de sus observaciones—algún objeto, uso o práctica social ya muy estudiado; es muy posible que si presenta el resultado final de su tarea, pueda criticársele falta de eficiencia (porque si hubiese utilizado bibliografía ya existente podría haber ahorrado tiempo y esfuerzo) pero si puede dar cuenta de algún aspecto novedoso, que había pasado desapercibido en los trabajos previos, con seguridad su tarea será considerada eficaz, y se inscribirá, de allí en más, en la serie bibliográfica específica.

Estos apuntes, como se ve, no pretenden cerrar los problemas sino mantenerlos abiertos pero evitando derivas innecesarias.

Bibliografía mínima

Fernández, J. L. (2012). La captura de la audiencia radiofónica. Buenos Aires: Líber Editores.

Joseph, I.  (1999). Erving Goffman y la miscrosociología. Barcelona: Gedisa.

Lévi-strauss, C. El pensamiento salvaje [1962] (1964). México: FCE

Revel, j. [1984] (2005).    Un momento historiográfico. Trece ensayos de historia social. Buenos Aires: Manantial.

Enfoques metodológicos para el estudio de plataformas mediáticas – José Luis Fernández

 

  1. Introducción: multimediatizaciones y multienfoques

La idea de proponer un orden al estado actual de las investigaciones sobre mediatizaciones genera vértigo por el amplio panorama de temas y enfoques que encontramos abiertos en nuestra práctica de investigación. En realidad, se trata de un amplio paisaje de transformaciones en las mediatizaciones y sus previsibles consecuencias teóricas y metodológicas.

Cuando decimos que un proceso mediático tiene importancia en el conjunto de los procesos de mediatización es porque sufre transformaciones en tres niveles: el de los dispositivos técnicos que lo constituyen, en lo específicamente discursivo y en las prácticas sociales de recepción o de uso con las que se relaciona. Las plataformas mediáticas (Facebook, Youtube, Vorterix, Twitter, aunque creemos que es algo diferente) trabajan sobre diferentes y múltiples articulaciones de esas tres áreas o series.

En épocas broadcasting hegemónico podía sostenerse la ficción de que se era especialista en un medio aunque ello nunca fue así; o mejor dicho, siempre fue clave para el conocimiento de un medio, el conocer también sus relaciones y sus parecidos y diferencias con los otros. De todos modos, disciplinas como la semiótica o los estudios cualitativos o cuantitativos de audiencia eran parte de ese sistema y brindaban resultados acerca de las condiciones de producción de los discursos de ese medio o algunos de sus fragmentos y acerca de sus diversos efectos.

No interesa aquí profundizar y discutir estas propuestas pero sí registrar que es la práctica de investigación efectiva de sistemas de mediatización diversos, la que nos obliga a su cuestionamiento o discusión.

¿Con qué nos desafían estas plataformas? En primer lugar con las múltiples entradas que habilitan para que diversos tipos de audiencia se conecten con el conjunto de sus propuestas o con algunas de sus partes. La complejidad de cada sitio articula la oferta audiovisual en vivo/streaming con las diversas celdas con muy variadas y complejas propuestas mediático/genéricas y orígenes, individuales, pero muchas veces también institucionales, de posteo.

No hace falta argumentar demasiado para sostener que un análisis de ese material en producción, más allá de la complejidad que ese análisis en exclusividad tendría, nos diría muy poco sobre la riqueza social y cultural del fenómeno. Teniendo en cuenta esa situación, es necesario un enfoque multi-metodológico que parece pertinente y que es el que estamos aplicando en nuestras investigaciones en la actualidad.

El enfoque sociosemiótico

¿Por dónde comenzar a estudiar/investigar estos fenómenos que se presentan en múltiples niveles? En primer lugar, será necesario establecer un orden de jerarquías: es imposible comprender desde un solo enfoque de investigación, pero no se puede avanzar sin tener un modelo exploratorio sobre qué se intercambia en los diversos sistemas de intercambio mediático que suelen convivir conflictivamente.

Se puede denominar de muchas maneras ese enfoque disciplinario, nosotros preferimos denominar a la disciplina como Sociosemiótica de las mediatizaciones

Si queremos enfrentar desde un principio aquello que, por ejemplo, hace diferente a Vorterix de Facebook, un herramental de la necesaria complejidad ha sido desarrollado sólo por este enfoque metodológico y se deben cumplir desde ese punto de vista, tres instancias diferentes:

A. Semiohistoria, es decir, pensar de qué manera se llega a Facebook y a Vorterix desde tres niveles: los dispositivos técnicos, lo discursivo y las acciones sociales y sus usos. Cada serie tiene una vida independiente que se va conectando con las otras. Este nivel nos permite dos movimientos: comprender de dónde viene, en caso de que ello ocurra, el fenómeno que estamos estudiando y, por otra parte, prever que tal vez se trate de un acontecer, o lateral, o efímero.

B. Estado sociosemiótico

En un segundo momento, debemos establecer si lo observado es, por ejemplo, un fenómeno broadcasting o networking o una combinatoria entre ellos. Entonces de cada texto o conjunto de textos que se pueden constituir en corpus debo determinar qué dispositivos técnicos se utilizan, qué género y estilos están puestos en juego, y qué trayectorias transpositivas pueden describirse en aquello que estudiamos. Eso es a lo que denominamos situar a nuestro objeto en su encrucijada sociosemiótica. En este campo es clave incorporar las relaciones que Scolari (2004) ha formulado entre semiótica e interacciones. Todavía esas proposiciones, creo, no podemos articularlas directamente con las operaciones de análisis de los discursos.

C. Análisis de los discursos.

En tercer lugar deberá realizarse el análisis específicamente textual. No es lo mismo presentar una entrevista deportiva con la estética de videoclip, que presentarla con la estética de FOX TV, mucho más pobre desde el punto de vista visual. Allí debemos describir las operaciones de producción de sentido que hacen que un texto, dentro de una encrucijada semiótica, se diferencie de otros, tanto a nivel temático, como retórico y enunciativo.

  1. Desde la sociosemiótica hacia la aplicación de otras metodologías de las ciencias sociales

A partir de que tenemos una muy buena descripción, tanto del desarrollo, como de los intercambios discursivos actuales en la plataforma que estamos estudiando, se hace necesaria la aplicación de diversas metodologías que, a su vez, tienen diferentes recorridos en el estudio de las nuevas mediatizaciones y de las previas.

3.1. Enfoques tradicionales

Hay un nuevo sentido común que tiene a sostener que los fenómenos nuevos deben estudiarse con metodologías también nuevas. Sin embargo, como veremos, la aplicación de metodologías de largo recorrido de aplicación sigue siendo necesario.

A. Enfoque etno

Denomino etno al enfoque cualitativo observacional por una concesión a cómo se lo denomina en nuestro momento, influido por el descubrimiento de que “para entenderla, debo ver con mis propios ojos la realidad”, pero en realidad, para estudiar mediatizaciones resultan tan útiles las observaciones de Marcel Mauss sobre la tecnología como la productiva noción de fachada (front face) de Erwin GoffMan para una comprensión del fenómenos de los perfiles de contacto en las redes. La inclusión de este enfoque en el estudio de redes es necesario porque en el neworking, además de recibir y emitir, todo el tiempo se actúa: linkear, megustear, compartir, seguir, etc., son acciones, que se registran en la red, pero que implican una actividad corporal específica (se linkea rápido o lento, por ejemplo). En un caso como el de Vorterix, por ejemplo, encontramos dos campos en los que lo observacional es importante: en las relaciones con el cara a cara de los conciertos, la compra de entradas, seguida desde la radio, etc. y, además, en el modo de enfocarse y operar sobre la pantalla de portal, muy variable seguramente, que cada receptor ponen en juego.

B. Enfoque estadístico muestral

El problema que tenemos con la información que genera cualquier red acerca de sus internautas es que no sabemos cómo es la población que no la utiliza o que utiliza otras. Eso que se denomina como perfil del usuario debe ser definido respecto del conjunto de la población. Por ello, seguirá siendo necesario hacer estudios de hábitos y actitudes de usos de redes del mismo modo como Lazarsfeld (1948) estudió a la audiencia de la radio o Bourdieu (1998) estudio el conjunto de los consumos culturales y mediáticos. Desde ese tipo de estudios se podrá determinar cuál es la incidencia de cualquier fenómeno de redes o, en este caso, de Vorterix (¿se parecerá su público que entre por el sitio al que sólo lo escucha a través de la FM? ¿con qué prácticas culturales y de networking se relacionarán en cada segmento?, etc.).

Hasta aquí, como advertimos, estamos trabajando desde un punto de vista para el estudio de las mediatizaciones que podríamos denominar como tradicional a pesar de que, en realidad, fue poco aplicado (aunque repetidamente propuesto) para el estudio de las mediatizaciones. Aceptamos denominarlo tradicional porque es aplicable a cualquier modelo de broadcasting pero pensamos que todavía es, no sólo útil, sino indispensable para un modelo multimediático como el de nuestras plataformas.

 

3.2. Enfoques en red

A partir de aquí, nos resultará necesario hacer uso de herramientas que desde hace algo más de una década se están aplicando para el estudios de fenómenos de la web y de las redes sociales y que, de a poco, comienzan a mostrar resultados diferenciados.

A. Etnografía de redes

La etnografía de redes tiene una historia diferente de la etnografía observacional, desarrollada a mediados del siglo XX cuando “…se trataba entonces de superar el análisis vinculado únicamente a organizaciones formalizadas y se abrió el interés por las interacciones iniciadas por individuos que generan pautas por decisiones propias por iniciativa, en los distintos marcos de interacción…” (Rivoir 1999). Es decir que el interés está puesto en capturar relaciones no totalmente pautadas y de cierto grado aleatoriedad. En su aplicación a las redes mediatizadas, se le suele denominar netnography (Kozinets 2010).

Rivoir, que se pregunta si el funcionamiento en redes es una realidad social particular o una metodología, establece en ese artículo –muy útil como introducción general a la problemática—que hay dos tipos de estudio: el de “redes totales en el que el investigador se posiciona por fuera del universo estudiado y estudia los lazos de todos los integrantes del universo seleccionado” y el de redes egocéntricas en el cual se plantea la red desde el punto de vista del individuo… como ego (en el centro)”. En Vorterix, se trataría de estudiar, por ejemplo, al individuo que va a comprar su entrada, y desde ahí reconstruir su sistema de relaciones permanentes o aleatorias, o estudiar el desenvolvimiento del conjunto dentro de un recital, indagando por sus relaciones con el conjunto de la plataforma.

B. Big data

Este es el campo que genera mayores esperanzas entre los investigadores de las redes (y más temores entre sus usuario). El hecho es que cualquier usuario medio de la web, de sus aplicaciones y sus redes, deja registro de cada una de sus intervenciones y relacionables, al menos, con su dirección de IP y nombre de dominio más todos los datos de perfil que se puedan vincular a ella. La cantidad de datos que se registran es monstruosa, accesible para los operadores, pero con la limitación de que se registra con poco más orden que su sucesión temporal. Sobre esa cantidad gigantesca de datos (que frecuentemente se dice que son todos) se aplican técnicas cuantitativas de análisis semántico o de hallazgo de patrones no visibles mediante data mining. Para tener una idea del volumen de información, es frecuente que los sistemas informáticos agoten su memoria frente al volumen de procesamiento necesario. Otra dificultad es que, al crecer la paranoia del habeas data, los usuarios restringen su información de perfil en la red, lo que obliga al uso de otras herramientas de inteligencia para vincular los datos con los individuos usuarios.

En realidad, todavía se está en una etapa de promesas exploratorias que anuncian futuros que entusiasman pero que todavía no muestran los resultados claves que se esperan. Hace poco tiempo Scolari, en su blog Hipermediaciones, publicó bajo el título Occupy Semiotics (Hacia una semiótica del Big Data) una exhortación muy justificada a que la semiótica se enfocara en ese nuevo universo. Pero la recomendación puede ser también inversa. Por ejemplo, para cada usuario que interactúe con el sitio de Youtube o de Facebook, podremos tener la información sobre cuánto tiempo está en sitio, sobre qué celdas cliquea, entonces, podremos determinar qué patrones de linkeo tiene, tal vez alejados de su conciencia; pero si quiero tener idea de qué juego sociocultural se está ejercitando allí, será necesario para los bigdateros que se provean de teorías semióticas complejas. Si no lo hacen, correrán el riesgo de convertirse en otra ciencia social que presuponen funcionamientos sociales que luego no pueden verificarse en la práctica.