678 vs. Intratables: parecidos y diferencias fuera de verosímil

Para buena parte de las audiencias, la referencia comparativa a programas como 678 (que ya no está pero tal vez vuelva) e Intratables genera rápidas diferenciaciones que impiden reconocer hasta el propio campo en que esas comparaciones se realizan.

Por supuesto que como ciudadanos los dos programas nos resultan diferentes y nadie es quién para cuestionar esa diferenciación y sus consecuencias, pero existe un oficio que consiste en analizar el discurso de los medios que, en estos casos, debe ser de utilidad. Esperamos que el componente de provocación genere cierta distancia que permita la innovación del género y sus estilos.

Recordamos que hemos cuestionado la idea de que ese oficio consistiría en reconocer conflictos sociales y agregarle terminología técnica y crítica. Los oficios deben consistir en construir realidades nuevas y no sólo en modificarlas superficialmente. Por eso, comenzaremos con los parecidos, para recién después proponer algunas diferencias.

Los dos programas tienen un parecido de base que es que son (como dijimos uno fue, pero tal vez retorne ‘shows periodísticos’, un género ya clásico de la televisión argentina y de muy diversos otros países.

Estos programas consisten en reunir a periodistas y especialistas/panelistas y obligarlos a opinar interactuando; el atractivo central es ver a los periodistas haciendo de especialistas y a éstos de aquéllos, opinando de acuerdo a las reglas del show: en velocidad y conclusivamente. De ninguna manera el efecto conclusivo genera efecto de finalización del tema. Es sólo un rasgo retórico y enunciativo obligatorio.

Otro parecido central es que, sí o sí, se opina sobre temas de actualidad, si aparece el pasado es para ilustrar el presente rabioso: la ‘historia’ es argumento, no descripción.

En ambos programas, los temas importantes duran lo que duren, en los otros medios, el conflicto del que se opine; no hay fin propio ni conclusión: ‘clarín’ o ‘la educación’ son temas importantes mientras el conflicto esté afuera de las respectivas emisiones.

Un aspecto común, que a veces no se tiene en cuenta en ambas descripciones, es la presencia de un conductor/coordinador, que distribuye, modera o activa la palabra de todos en las discusiones (más en la línea de Mauro Viale, que de Nesustadt o Grondona). El coordinador, aunque opine, evidencia todo el tiempo que su rol tiene que ver con el espectáculo, no con la opinión.

En cuanto a la performance de los panelistas, todos ellos opinan casi siempre sobre cada uno de los temas y, casi siempre, en estado de exaltación indignada (no confundir con el estilo individual de cada panelista, a quien habría que comparar con su ‘afuera’). Es por ello que el clima en ambos programas es crispado, y cada uno de los temas es el más importante en el momento en que se los trata.

Proveniente la experiencia de shows más humorísticos, en los dos programas se presentan informes tendenciosos sobre temas, con toques grotescos y con locutores acentuando el tono burlón y criticón.

Por último, un aspecto común a ambos programas es que aquellos de quienes se habla, figuras sociales de importancia mediática más que figuras emergentes, son por regla general maltratados, salvo en casos de evidente compromiso político o comercial. De todos modos, en general, el ‘afuera’ de los programas es un desastre.

Una vez descriptos los abundantes puntos de parecido aún sin ser exhaustivos,  se pueden ver de nueva manera las diferencias y sus consecuencias, más allá de lo político, que por supuesto tiene mucha importancia.

Tal vez la diferencia más evidente sea que el coordinador de 678 es una figura relativamente secundaria o, como mucho, equivalente a los panelistas; en Intratables, en cambio, el conductor es la estrella indiscutible, en movimiento y con gran dinámica, hace callar a cualquiera, salvo a algunos invitados no panelistas, a quienes les agradece especialmente su presencia.

La otra gran diferencia es que en 678 el adversario, por definición, está afuera del programa, en el mismo espacio que sus referentes políticos no de la escena televisiva propia, al estar afuera, se podía opinar sobre ellos con absoluta libertad.  En Intratables, muy por el contrario, el adversario siempre está adentro, por eso la exaltación es más frecuente y brutal que en 678, y si se ataca a alguien o a algo, alguien lo defenderá con virulencia.

De la combinatoria de esas diferencias (omitimos las propiamente políticas, porque esas están alcance, según su interés, de toda la población), en Intratables se produce un cierto efecto de ‘todas las voces’, mientras 678 fue uno de los pilares del efecto de encierro que todo militante k se autocritica.

Intratables es posible que le de aire al gobierno cuando lo critica duramente, pero habrá de evaluarse qué efecto genera la frecuencia de esas escenas de crítica/defensa. Otra vez se pondrá a prueba la idea acerca de si un programa convence , manipula o, simplemente, entretiene por su conflictividad retórica y enunciativa.

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