PAYADORES Y MEDIATIZACIONES: ESPACIOS Y TIEMPOS HOJALDRADOS

En su artículo de fines de la década del sesenta, Roland Barthes formulaba una bella figura para referirse al estilo. Escribe Barthes: “El problema del estilo sólo puede tratarse en relación a lo que yo llamaría el hojaldre del discurso”.

Pero el hojaldre discursivo también representa con precisión el modo particular y específico de producir temporalidad en buena parte del broadcasting: emisión casi siempre en vivo, que puede incluir grabaciones de entrevistas recientes, de publicidades o noticias repetidas o de interpretaciones musicales de décadas atrás. Esa condición hojaldrada es una de las claves para comprender la fuerza de las mediatizaciones masivas y, en el caso de la radio, es un ejemplo de su complejidad.

Esas interacciones temporales no tienen ningún soporte de fijación espacial, salen del parlante de nuestro auto o se nos meten en el oído a través de nuestros auriculares y ya no están en ningún espacio. Se incorporan parcial e imaginariamente a la memoria precaria de la mediatización

¿Hay algo más distante temporal y espacialmente que un payador? Figura de tradiciones medievales en un continente que ingresó a la historia de occidente en razón del fin de esa época y condenado a muerte desde las épocas de Betinotti y Gabino Ezeiza, el payador parece persistir en nuestro presente.

Oscar Steimberg, por ejemplo, ha construido el personaje/poeta Gabino Betinotti en el cruce entre cierto vanguardismo surrealista y el jugueteo posmoderno y citador. Pablo di Liscia, talentoso y erudito músico vanguardista, entrelazó la escritura de Steimberg en músicas bellas y complejas.

En el artículo de Luis García Fanlo incluido en este número de L.I.S. del primer semestre del 2014, el Nro. 11, el payador aparece reconstruido, por decirlo así, en la profundidad de su intertextualidad y de su situación histórica.

Pero también puede hacerse una mirada en superficie de la actualidad mediática del payador. Se lo encuentra en esas emisiones casi fantasmáticas para la audiencia de las grandes ciudades, en las que se siguen espectáculos de doma y el denominado folklore nacional. En esos espectáculos son payadores los que van haciendo la glosa musical de la lucha, criticada y sospechada, entre domador y caballo a domar. Esa presencia del payador, que acompaña al conductor del programa televisivo y del conjunto del evento, puede entenderse como un rastro del broadcasting que tiende a hacerse residual.

Si se busca payadores en YouTube resulta una entrada prolífica. Y se encuentran videos de actualidad, combinados con viejas grabaciones o restos fílmicos de José Betinotti o, por qué no, relaciones entre payadores e intérpretes de hip-hop. Es verdad que la presencia del hip-hop será mayor por mucho tiempo, pero es imposible establecer a priori si se trata del resto olvidado del broadcasting o uno de los gestos broadcasting del networking que cada vez son más evidentes.

Sea como sea, mientras estudiamos el metadiscurso que acompaña esas presencias ahí nomás, en la misma pantalla del sitio, el payador será construido en hojaldre y ese hojaldre no es sólo temporal, sino fundamentalmente espacial: aun si puede discutirse la vigencia temporal del payador, su presencia simultánea y fragmentada en los espacios del cara a cara, del broadcasting y del networking resulta incontestable.

¿Y qué decir sobre la cuestión de la movilidad? Sobre todo si nos quedamos con la triple posibilidad que nos propone el artículo de Logan y Scolari que podemos encontrar en el mismo número de la revista, en el comienzo y con la consideración de hacer converger producción discursiva y movilidad.

Las movilidades escriturales, electrónicas y digitales conviven, se solapan, se combaten, se alimentan y se confunden. En este sentido el smartphone es, sin dudas, un complejo dispositivo técnico hojaldrador: lleva y trae al mismo tiempo, en cada uso posible, en diversas capas, con diferentes texturas.

En el futuro muy próximo, las pantallas de los smartphones, de los smartv y de nuestras computadoras personales nos mostrarán casi con seguridad las mismas ofertas de discurso y de contacto: el broadcasting y el networking, lo público y lo privado, lo informativo y lo ficcional, lo del extenso pasado y lo de la rabiosa actualidad.

Todo ahí, como los payadores: todo por comenzar, todo por ser pasado.

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