Listas y estatutos en las novedades mediáticas: el caso del on line

Estamos en una época de novedades mediáticas y de transformaciones muy posiblemente profundas e irreversibles pero, desde la perspectiva del estilo, estamos frente a un estilo de época que, a nuestro entender, estimula más el efecto de novedad que el de la detección y comprensión de las transformaciones profundas.
Cada novedad técnica que se nos presenta genera, en primer lugar, un efecto de lista: se hace notar después de la anterior e inevitablemente antes de la siguiente. Por supuesto que diferentes listas conviven mostrando que hay una escena común que no es pura sucesión pero, a nuestro entender, el efecto lista es muy fuerte y adecuado estructuralmente al ritmo vertiginoso y poco profundo de la actualidad periodística.
En este sentido, ese modelo de lista se parece al que se observa en diversos niveles de la vida social y discursiva. Desde ya, nosotros lo recuperamos como concepto desde Christian Metz, quien sostuvo que, frente a la novedad constante de la figuración retórica (ninguna figura es exactamente igual a otra, sea por razones textuales, contextuales o intertextuales) la historia de su estudio puede diferenciarse en dos grandes estrategias: la de la lista y la del estatuto.
El mecanismo del estatuto no se enfoca en el efecto de sucesión sino en el de los procesos de producción de sentido —comunes o diferenciados— que explican, al menos parcialmente, la presencia de los diferentes fenómenos que se incluyen en la lista. Veamos al on line una lista de fenómenos que, si bien tiene plena actualidad, se viene desenvolviendo en tanto tal desde mediados del siglo XIX y que es la serie de procedimientos mediatizadores utilizados en la sociedad para generar proximidad (instantaneidad, actualidad, simultaneidad, etc.) entre producción, emisión, recepción y comprensión de textos informativos. Una lista no demasiado sofisticada de esos fenómenos debería incluir:
• Lo telegráfico (transmisión eléctrica de textos original y finalmente escriturales a través de código de pulsos eléctricos ad hoc).
• Lo radiotelefónico (captura y conversión de sonidos a señal eléctrica, transmisión y reconversión de esas señales a sonido en recepción con delay prácticamente imperceptible: aparición de la toma directa).
• Lo televisivo (captura y conversión de imágenes y sonidos a señal eléctrica, transmisión y reconversión de esas señales a imágenes y sonidos en recepción con delay prácticamente imperceptible: despliegue de la toma directa televisiva).
• Lo digital on line (interfaces de uso individual para captura y conversión de imágenes y sonidos y escritura a señal eléctrica, transmisión y reconversión de esas señales a imágenes y sonidos y escritura en recepción con delay prácticamente imperceptible: despliegue de la conectividad).
A pesar de la rusticidad descriptiva, pero que parece suficiente aquí, esa lista que va de lo telegráfico a lo on line, no es una línea sucesoria, o al menos sólo lo es parcialmente, por ejemplo, respecto a la producción y circulación periodístico-informativa. Esa sucesión presenta profundas discontinuidades, tanto en los dispositivos técnicos puestos en juego, como en los intercambios discursivos y los usos discursivos que se soportan y construyen en (no sólo con o a través de) esos dispositivos.
Siempre desde este punto de vista descriptivo rústico que utilizamos aquí, vemos que en el intercambio telegráfico se recurre a una doble codificación, la escritural y la morse, que no se aprenden automáticamente en la vida social (como verán, se reserva la naturalidad del uso para otras instancias); en el radiotelefónico, en cambio, puede recurrirse a códigos, lenguajes que, como el idioma y la música, suelen incorporarse casi automáticamente en el transcurrir de la vida social (los nativos de cualquier cultura incorporan, sin la participación de instituciones específicas, gran parte de sus costumbres conversacionales y musicales), pero que son el resultado de complejas operaciones simbólicas (en sentido peirciano). Esa condición es muy diferente a lo que ocurre en el intercambio televisivo, en el que aparece toda la problemática de la naturalidad perceptiva (de base icónico indicial y que tan profundamente viene poniendo en evidencia Mario Carlón en la construcción de acontecimientos históricos). Y, por último, en los intercambios on line se pone en evidencia, por un lado, la convergencia en el uso de todos los dispositivos previos y, por el otro, la posibilidad (no la obligación) de participación individual en tiempo cercano al real, en la producción y emisión discursiva.
Como se intuye sólo con esa sencilla descripción, cada punto en la lista implica muy diversos estatutos de usos, y además, evidencia la permanencia de diversos intercambios. Como advierte Carlos Scolari en sus trabajos: se seguirá encriptando mensajes, escuchando radio y música sin imágenes, hablando por teléfono, mirando televisión, o equivalentes, en vivo y en grabado y, además, mientras para emitir on line se tipee, todavía pervivirán dispositivos de producción aún previos a lo telegráfico, dado que ya sabemos que la Galaxia Gutenberg no fue solamente un dispositivo de impresión sino también un exitoso dispositivo tipográfico de racionalización y homogeneización de la letra.
Es decir que esta lista no es solamente un camino de ida sino que en cada estación se generan diversas configuraciones de intercambio, para utilizar un término proveniente de Oscar Traversa, que tienen vida relativamente independiente y que, muchas veces, requieren estudios específicos para encontrar su lugar.
¿Cómo luchar contra la seducción del efecto novedoso de la lista sin pretender imponer al ritmo propio de la vida social el moroso ritmo de la vida académica? Se nos ocurren tres caminos convergentes: seguir estudiando minuciosamente los medios de comunicación previos en la búsqueda de comprender sus funcionamientos y la permanencia en la actualidad de rasgos que pasen desapercibidos por arcaicos; estudiar la realidad social y urbana extramediática (lo alimentario, lo artístico, el tránsito, etc.) para encontrar interacciones con lo mediático que no ocupan necesariamente el centro verosímil de la vida mediática y de la urbana. Y, por último, como nos proponíamos hace poco tiempo con un grupo de jóvenes investigadores, generar microproyectos tácticos sobre estatutos en fenómenos mediáticos novedosos que nos permitan oponernos tanto a la inmersión en la lista, como al riesgo de desactualización que se produce cuando se publica un artículo o libro sobre temas novedosos, en el mejor de los casos, seis meses después de cerrar sus conclusiones.