678 vs. Intratables: parecidos y diferencias fuera de verosímil

Para buena parte de las audiencias, la referencia comparativa a programas como 678 (que ya no está pero tal vez vuelva) e Intratables genera rápidas diferenciaciones que impiden reconocer hasta el propio campo en que esas comparaciones se realizan.

Por supuesto que como ciudadanos los dos programas nos resultan diferentes y nadie es quién para cuestionar esa diferenciación y sus consecuencias, pero existe un oficio que consiste en analizar el discurso de los medios que, en estos casos, debe ser de utilidad. Esperamos que el componente de provocación genere cierta distancia que permita la innovación del género y sus estilos.

Recordamos que hemos cuestionado la idea de que ese oficio consistiría en reconocer conflictos sociales y agregarle terminología técnica y crítica. Los oficios deben consistir en construir realidades nuevas y no sólo en modificarlas superficialmente. Por eso, comenzaremos con los parecidos, para recién después proponer algunas diferencias.

Los dos programas tienen un parecido de base que es que son (como dijimos uno fue, pero tal vez retorne ‘shows periodísticos’, un género ya clásico de la televisión argentina y de muy diversos otros países.

Estos programas consisten en reunir a periodistas y especialistas/panelistas y obligarlos a opinar interactuando; el atractivo central es ver a los periodistas haciendo de especialistas y a éstos de aquéllos, opinando de acuerdo a las reglas del show: en velocidad y conclusivamente. De ninguna manera el efecto conclusivo genera efecto de finalización del tema. Es sólo un rasgo retórico y enunciativo obligatorio.

Otro parecido central es que, sí o sí, se opina sobre temas de actualidad, si aparece el pasado es para ilustrar el presente rabioso: la ‘historia’ es argumento, no descripción.

En ambos programas, los temas importantes duran lo que duren, en los otros medios, el conflicto del que se opine; no hay fin propio ni conclusión: ‘clarín’ o ‘la educación’ son temas importantes mientras el conflicto esté afuera de las respectivas emisiones.

Un aspecto común, que a veces no se tiene en cuenta en ambas descripciones, es la presencia de un conductor/coordinador, que distribuye, modera o activa la palabra de todos en las discusiones (más en la línea de Mauro Viale, que de Nesustadt o Grondona). El coordinador, aunque opine, evidencia todo el tiempo que su rol tiene que ver con el espectáculo, no con la opinión.

En cuanto a la performance de los panelistas, todos ellos opinan casi siempre sobre cada uno de los temas y, casi siempre, en estado de exaltación indignada (no confundir con el estilo individual de cada panelista, a quien habría que comparar con su ‘afuera’). Es por ello que el clima en ambos programas es crispado, y cada uno de los temas es el más importante en el momento en que se los trata.

Proveniente la experiencia de shows más humorísticos, en los dos programas se presentan informes tendenciosos sobre temas, con toques grotescos y con locutores acentuando el tono burlón y criticón.

Por último, un aspecto común a ambos programas es que aquellos de quienes se habla, figuras sociales de importancia mediática más que figuras emergentes, son por regla general maltratados, salvo en casos de evidente compromiso político o comercial. De todos modos, en general, el ‘afuera’ de los programas es un desastre.

Una vez descriptos los abundantes puntos de parecido aún sin ser exhaustivos,  se pueden ver de nueva manera las diferencias y sus consecuencias, más allá de lo político, que por supuesto tiene mucha importancia.

Tal vez la diferencia más evidente sea que el coordinador de 678 es una figura relativamente secundaria o, como mucho, equivalente a los panelistas; en Intratables, en cambio, el conductor es la estrella indiscutible, en movimiento y con gran dinámica, hace callar a cualquiera, salvo a algunos invitados no panelistas, a quienes les agradece especialmente su presencia.

La otra gran diferencia es que en 678 el adversario, por definición, está afuera del programa, en el mismo espacio que sus referentes políticos no de la escena televisiva propia, al estar afuera, se podía opinar sobre ellos con absoluta libertad.  En Intratables, muy por el contrario, el adversario siempre está adentro, por eso la exaltación es más frecuente y brutal que en 678, y si se ataca a alguien o a algo, alguien lo defenderá con virulencia.

De la combinatoria de esas diferencias (omitimos las propiamente políticas, porque esas están alcance, según su interés, de toda la población), en Intratables se produce un cierto efecto de ‘todas las voces’, mientras 678 fue uno de los pilares del efecto de encierro que todo militante k se autocritica.

Intratables es posible que le de aire al gobierno cuando lo critica duramente, pero habrá de evaluarse qué efecto genera la frecuencia de esas escenas de crítica/defensa. Otra vez se pondrá a prueba la idea acerca de si un programa convence , manipula o, simplemente, entretiene por su conflictividad retórica y enunciativa.

Políticos y mediatizaciones: detalles

Se sabe que hay dirigentes políticos y sociales que, ya hace tiempo, han decidido rendirse al supuesto poder de los medios, como ellos lo entienden. Allá ellos; es una decisión política de la que son responsables, y también terminan siendo responsables de sus resultados. La debilidad territorial y argumentativa cada tanto les pasa factura y, así como disfrutan de su momento de éxito, desaparecen cuando la corriente se vuelve contraria y el torrente mediático que contribuyen a fortalecer los ahoga, alejándolos de la consideración pública.
Por otro lado, en diversos momentos y lugares en Latinoamérica, y con insistencia en los últimos años, otros dirigentes políticos y sociales han decidido confrontar, más o menos abierta o genéricamente, con el sistema de medios o con algún sector de los mismos. Es en esos casos en que la ignorancia sobre la complejidad del espacio temporal de la mediatización y la preocupación excluyente por sus contenidos, muestran la debilidad de la posición.
Un dirigente con esa debilidad, se muestra satisfecho cuando expone claramente sus ideas, venciendo en la pantalla a la fuerza opositora del medio que tiende a oscurecer su posición, y mucho más se satisface si este efecto se produce en la discusión directa con un periodista prestigioso. En caso de que esas victorias no se obtengan, los dirigentes y sus compañeros de travesía (que se entienda, frecuentemente nosotros mismos) deciden tener medios propios, que transmitan con transparencia sus ideas y desenmascaren a sus adversarios.
Con décadas de fracasos en esos esfuerzos de combate, siempre mitigados por éxitos parciales y momentos de euforia exitosa, ninguna evidencia puede conmover todavía a los actores sociales. Si bien nadie niega la necesidad de líneas argumentativas claras, consistentes y con permanencia en el tiempo, parte de esas argumentaciones, —y otras que resultan desapercibidas—, se producen en el propio entramado de la construcción espacio temporal de los medios, en términos de los usos y abandonos de sus complejos dispositivos técnicos que los materializan.

EL TERCER MOMENTO EN EL ESTUDIO DE LAS NUEVAS MEDIATIZACIONES

Se ha advertido acerca de que estamos en el tercer momento en la investigación de lo que se denominan nuevas mediatizaciones. Esto quiere decir que ya hemos desarrollado aprendizajes y conocimientos. Por lo tanto, no es fácil dejarnos caer en constantes fundaciones, en entusiasmos y miedos descontrolados. Sabemos, además, que la lista de novedades en las nuevas mediatizaciones se van llenado de fracasos como en las mediatizaciones previas.

Presentamos aquí un punteo esquemático para describir este tercer momento:

  • No deberíamos estar asombrados por el poderío del acceso a la información basado en lo digital y en la Internet (es más, ya sabemos que no es la única red posible).
  • Tampoco por las infinitas posibilidades de interacción horizontal que ofrecen las redes sociales mediáticas (sí, también hubo que admitir la importancia de las redes sociales soportadas total o parcialmente en los intercambios cara a cara).
  • Tenemos experiencia prolongada como usuarios de diversas herramientas en red y, también, porque contamos con buenas experiencias de investigación en muchas de ellas.
  • Conocemos límites de las redes sociales, como que no todos los usuarios están interesados en interactuar y muchas prácticas que encontramos en las redes se sabe que provienen de las experiencias previas de los usuarios, más que de las propuestas de diseño y programación de los propietarios originales.
  • La provocadora pregunta sobre “qué hace el mundo con los social media” (Miller, 2016), invirtiendo la pregunta habitual, convive y cobra fuerza frente a la más mcluhiana pero también sugerente concepción de que la sociedad es moldeada por las mediatizaciones en general, y por las redes en particular: es así en los casos en que “el software toma el mando” (Manovich, 2013).
  • Transitamos un momento de redefiniciones de nuestros objetos y en el que, si bien estamos todavía lejos de entrever cómo será el cuarto momento, parece que resultará un producto de juegos de tensiones entre mediatizaciones interindividuales y mediatizaciones de alcance relativamente masivo.
  • Esas tensiones entre extremos también están anunciadas por los dos polos entre los que se mueven las investigaciones publicadas: entre las descripciones detalladas de lo individual-etnográfico y las búsquedas extensas de nuevas relaciones a través del big-data. Las propuestas de investigación que se presentan aquí tratan de generar espacios intermedios de reflexión e indagación.
  • Si bien las mediatizaciones se siguen estudiando desde perspectivas macro, conceptualizando fenómenos de alcance genéricamente social o cultural, a cada paso descubrimos nuevos ntercambios mediáticos micro, circunscriptos a una localización, un medio, o un campo conceptual conflictivo (violencia, género, política, etc.).
  • Muchos ya entendimos que es desde el punto de vista micro donde se generan novedades; pero para articular con lo macro, hacen falta intervenciones e interpretaciones médium, intermediarias entre ambos niveles. (Fernández, 2012: 29-30).
  • Es verdad que todavía desde datos micro, se sacan rápidamente conclusiones macro, pero entonces suele ocurrir que lo macro ya sabido o intuido, se impone sobre las novedades halladas en lo micro.
  • En la medida que estudiamos y conocemos más, las diferentes extensiones de los objetos estudiados y sus campos conceptuales, se muestran como relativos a esos fenómenos y tal vez se pondrá difícil el tratar de quedarse con saberes generales.
  • Otra característica de este momento, es que conviven estudios sobre mediatizaciones nuevas con mediatizaciones previas; por ejemplo y al azar, en el Nro. 9 de nuestra revista L.I.S. se suceden artículos que analizan materiales provenientes de entrevistas tradicionales, diarios en papel, algo muy novedoso como el live blogging, la pervivencia de las revistas barriales en papel, un movimiento propio de las nuevas mediatizaciones como el Yo soy 132 y así siguiendo.
  • Unos resultados propios de este tercer momento es el abandono, culposo, de la denominada primavera árabe, difícilmente reivindicable en su conjunto, las dificultades de los gurúes para alinearse políticamente frente a los nuevos movimientos de masas con base en el networking. relaciones entre medios y espacios sociales.
  • Para situar ese posible nuevo momento –y más allá de que deberá hacerse una periodización más prolija, detallada y significante– podemos hacer un primer esbozo de una periodización de las relaciones entre las nuevas mediatizaciones y su estudio, al menos desde el punto de vista de las corrientes y autores que más influido sobre nosotros.
  • Lo primero que hay que reconocer, es que la llegada de las nuevas tecnologías activó el universo de estudios sobre los medios y las mediatizaciones. Luego del gran éxito de las proposiciones de Dorffman y Mattelart en Latinoamérica y el desembarco masivo en las nuevas carreras de comunicación de las teorías de Frankfurt y la sucesión habermasiana, los estudios sobre los medios quedaron confinados a los seguidores de McLuhan, que hicieron un recorrido propio, y a ciertos semióticos como Eco, Metz, Verón.
  • En la Argentina, la producción local desde una semiótica de los medios convivió con una corriente muy fuerte de estudio liderada, entre otros, por Aníbal Ford, Jorge B. Rivera, Eduardo Romano, etc.
  • Ellos mantuvieron vivo el interés por los medios y estos últimos rápidamente se articularon con la presencia fundamental, para mantener la llama en Latinoamérica, de Jesús Martín Barbero y su fructífera, aunque discutida, diferenciación entre medios y mediaciones.
  • Las nuevas tecnologías interviniendo en la comunicación social, aunque no obligaron a incorporar, todas las problemáticas previas, trajeron los problemas de la mediatización, sus características y usos, nuevamente al centro de la escena de la discusión cultural y social.
  • La primera etapa del estudio de las nuevas mediatizaciones es aquella en que autores fundantes como Toffler, Negroponte, Verón, etc. comenzaron a anunciar la importancia de lo digital, la conectividad y las nuevas posibilidades de acceso a la información, antes depositada en los diversos modos de impresión sobre papel. En términos generales, fue el momento del anuncio de la revolución tecnológica y la concreción de una nueva etapa del capitalismo, basada definitivamente en la información y el conocimiento y una nueva posición del sujeto en la red: la del prosumidor.
  • La segunda etapa de estudios sobre las nuevas mediatizaciones es la del desarrollo de las redes sociales mediatizadas y sus poderosas consecuencias sobre la cultura. En ciertos y muchos sentidos es nuestra época. Jenkins, Castells, Piscitelli, etc. anunciaron y anuncian los resultados revolucionarios del crecimiento de las redes, de la interacción, de la movilidad. Sin dudas es nuestra época todavía, porque todo es muy reciente. Convergence Culture es del 2006, el i-Phone se presentó en el 2007, el gran salto de BlackBerry fue en el 2009 y el entusiasmo de Castells por la la primavera árabe  fue en el 2011. Todo está pasando ahora.
  • El avance en los usos extendidos de esas nuevas tecnologías, su progresiva especialización, las novedosas áreas de convergencia y, también y muy especialmente, la presentación de resultados de investigaciones empíricas que nos llegan o que vamos obteniendo, nos van situando frente a una visión más suavizada sobre el rango y la profundidad que va alcanzando la transformación en las mediatizaciones.
  • En las nuevas mediatizaciones, el networking convive con el broadcasting, están en tensión, algunas veces compiten, otras tienen vidas independientes pero en muchas ocasiones se complementan y no siempre otorgando la hegemonía a lo nuevo sobre lo viejo.
  • Si bien existe la posibilidad de publicar/emitir para todos los partícipes de las redes, sólo una minoría (aunque sea muy extensa) se convierte en emisora y la gran mayoría sigue siendo audiencia, aunque con particularidades a seguir describiendo.
  • Hay fenómenos muy novedosos en la web, como com que, sin embargo, no son fenómenos de networking sino casos de broadcasting multimedia y multigénero.
  • El estudio de las denominadas redes sociales de tipo mediático, convive con redes sociales básicamente soportadas en el cara a cara. Y esos dos tipos de redes, generan fenómenos de convergencia como los circuitos musicales alternativos, híbridos, y tal vez por ello autosostenibles.
  • Hemos reconocido por fin que vivir en plataformas incluye fenómenos de broadcasting y de networking en tensión; diferentes sistemas mediáticos en interacción en el uso, ya que no todo está en la misma plataforma y que, por fin, los mediatizadores proponen y los usuarios en buena parte disponen y rediseñan.

Como resultado de estas conclusiones entre otras, los investigadores y teóricos de las mediatizaciones ya no estamos a la vanguardia de los fenómenos sociales mediatizados, anunciando las buenas nuevas y pronosticando las nuevas épocas, sino que, otra vez, seguimos el desarrollo del devenir histórico que estudiamos, describiendo los nuevos hechos y tratando de encontrar las nuevas explicaciones, mientras ajustamos nuestras herramientas de observación, de análisis y de presentación de resultados.

En ese sentido, tal vez nuestra producción esté a la vanguardia de esa posición de retaguardia, al menos parcial, en que ubica la aplicación extensa y sucesiva de las nuevas mediatizaciones a los trabajos de investigación y reflexión sobre ellas.

 Bibliografía mínima del tercer momento

Fernández, J. L. (2016). “Interacción: un campo de desempeño múltiple en broadcasting y en networking”. En: Cingolani, G., Sznaider, B. (eds.) (2016). Nuevas mediatizaciones, nuevos públicos. Cuadernos del CIM. Rosario: UNR Editora.

Gitelman, L. (2006). Always Already New: Media, History, And The Data Of Culture. MA: MIT press.

Manovich, L.  (2013). Software Takes Command, New York: Bloomsbury Academic.

Miller, D. et alt. (2016). How the world changed social media. London: UCLPRESS. Available to download free: www.ucl.ac.uk/ucl-press

Scolari, C. A. (2013) ¿Cómo se producen las narrativas transmedia? En: Narrativas transmedia. Cuando todos los medios cuentan. Barcelona: Deusto.

Van Dijck, J. (2016, 2013). La cultura de la conectividad. Una historia crítica de las redes sociales. Buenos Aires: Siglo XXI

Los cinco pasos de las discusiones improductivas – José Luis Fernández

Es un lugar común afirmar que en nuestra época, o en nuestra época-país, o en nuestra época-país-sector ya no se puede discutir productivamente. Las discusiones argumentativas mueren a poco de nacer, reemplazadas por gritos, insultos, descalificaciones, etc. Y se atribuye a esa condición negativa buena parte de los males que, a su vez, se atribuyen a cada época-país-sector sobre el que se comente, en general con tono crítico y solemne.

El núcleo central de nuestra preocupación, y consiguiente puesta en foco en ese tema, es que se considera a ese tipo de intercambio trunco como una especie de efecto de suma cero. Esto quiere decir que nadie cambiaría de opinión por presenciar o aún participar de una discusión de ese tipo y se acepta que, si sirve para algo, sólo sirve para fidelizar a los propios. Últimamente, por otra parte, se comienza a discutir también esa última afirmación: parece que los propios tienden también, si no a cambiar de bando, a cansarse por la repetición de la escena.

Hemos observado muy diferentes intercambios en tono de discusión argumentativa que tienen esas características de énfasis e inoperancia. Las hemos encontrado, tanto en situaciones cara a cara, como en cruces dentro de las diferentes redes. También entendemos que se deben incluir como discusiones de este tipo a la emisión de enunciados controversiales en medios masivos que presuponen a una parte de la audiencia, en general minoritaria, como duramente opositora al emisor.

Luego de esa serie de observaciones, estamos en condiciones de describir al menos una de las matrices básicas que se hacen presentes en ese tipo de situaciones y que, estructuralmente, impiden el desarrollo del intercambio polémico.

No se sostendrá aquí que la escena de la discusión argumentativa sea ni demasiado importante, ni que haya tenido épocas mejores, ni que el participar en ellas tenga un estatuto moral, ideológico, político o cultural fijo y necesariamente positivo. La sociedad se queja de que algo ocurre, eso que ocurre es discursivo en este caso y nosotros intentamos intervenir productivamente.

Se tratará de describir los diferentes pasos y las formas retóricas que se utilizan en cada uno de ellos con el fin, exclusivamente práctico y aún operativo de que, si no se quiere caer en ese tipo de discusiones truncas, se ofrezcan herramientas para tratar de reconducirlas. Como objetivo mínimo, se intenta evitar que se inicien sin consciencia esos pasos para luego manifestar perplejidad por la inevitable frustración del intercambio en tanto que no productivo.

Por supuesto, se hará un esfuerzo especial para no personalizar los ejemplos o los casos, hasta el punto de arriesgar a empobrecer la descripción. La finalidad es evitar lo más posible la aparición del primer paso de la discusión trunca. Por supuesto, que esto se ha estudiado previamente desde la retórica (la argumentación, el discurso polémico, las matrices conversacionales, etc.), pero creemos que estamos frente a un tipo de fenómeno que requiere una mirada particular.

Aquí va lo que hemos descubierto hasta ahora y, como siempre, por tratarse de un trabajo en progreso y no remunerado, muy posiblemente en un futuro se corrija, aumente o precise.

 Paso 1. Cada tema un hito

  • El tema de discusión, sea cuál sea, es constituido, no sólo como importante, sino como clave y generador, de por sí, de una secesión. Esa secesión será binaria y no podrá eludirse la manifestación de una posición firme respecto de ella. Esto vale para temas de contexto, como pobreza, género, política, globalización, etc. como para pequeños detalles micro: una foto, una frase, un saludo, un furcio, etc.

Paso 2. La construcción de un rival despreciable

  • De ninguna manera se encontrarán en este paso, salvo en casos de borde, insultos o estigmatizaciones evidentes. Para acceder a él alcanza con un ‘hay muchos que dicen… (lo contrario a lo que se va a decir), y a veces se utiliza un componente temporal (‘nos han dicho siempre’, o ‘últimamente’, o ‘el otro día’, etc.). A partir de allí ya está instalada la escena controversial.

De todos modos, estos dos primeros pasos, si bien inevitables, se comparten, y en general se comprenden, como parte de todo intercambio discursivo que implique una presentación de diferentes puntos de vista.

Los pasos siguientes son los que merecen ser especialmente distinguidos, no sólo por su importancia, sino porque por tratarse tal vez de rasgos de época, suelen pasar desapercibidos, desarrollando el tipo de intercambio truncado sin que los participantes descubran cómo se desató.

Paso 3. Lo que dice uno es explicado por su adversario

  • En general, en discusiones entre adultos, y más si ellos tienen alguna responsabilidad social básica, como la de proveer alimento a hijos, se supone que cada cual dice lo que quiere. Y, en términos generales se acepta que cada uno se hace cargo de lo que dice. Sin embargo, es frecuente en un momento bastante inicial, el cuestionamiento sobre el propio contenido, o la intención, o la lógica que emplea al otro. Las herramientas son ad-hoc pero limitadas: algo de psicología, a veces investida de psicoanálisis, normas básicas del análisis de los discursos, principios ideológicos básicos y de cualquier proveniencia. La clave del Paso 3 es: ‘ud. dice A, pero quiere decir (o se entiende, o significa, o se trasluce, etc.) B, y nosotros nos damos cuenta’. A partir de allí, es difícil seguir con el tema de la discusión y suele pasarse al derecho de dirigirla o evaluarla.

Paso 4. Hay pruebas que refutan al otro

  • Como parte del proceso de cuestionar la posibilidad del otro, la interpretación sobre lo que quiere decir se acompaña con la prueba. El momento de la prueba es un momento interesante dentro de los modelos argumentativos pero de lo que se trata aquí es que ocupa un espacio central, definitorio, no el de soporte argumentativo. La prueba puede aparecer muy pronto: ‘dice tal cosa pero en realidad ocurre tal otra…’, y esta afirmación se toma como transparente, indiscutible, clausurante, de allí su importancia. Si bien no hemos agotado el listado de todos los elementos usados para prueba, se han registrado:
    • Sentencias judiciales previas o simples procesamientos y aún denuncias.
    • Hechos históricos, controversiales o no, pero tomados como definitivos.
    • Citas a autores que, si son conocidos, es mejor pero no obligatorio.
    • Algo que dijo el otro alguna vez, no importa en qué contexto.
    • Algo que dijo un cercano al otro, sea real o actual esa cercanía o no lo sea.
    • Encuestas de opinión (‘lo que dice la gente’, aunque en otras circunstancias se cuestionen a las encuestas y aún a la propia noción de ‘gente’).
    • La propia experiencia, que no coincide con lo que afirma el otro.
    • Un dato del curriculum vitae de cualquiera de los intervinientes tomado, según como convenga, como positivo o negativo.
    • Una frase cualquier de sentido común del tipo ‘detrás de los números hay personas’.
  • Este lugar de la prueba, a nuestro entender, acerca a todas las discusiones de este tipo, no importa el área sobre el que se enfocan, al discurso jurídico sumario: el que toma la palabra es construido como ‘capturado con las manos en la masa’; a partir de allí, sólo podrá defenderse con la ferocidad que corresponde cuando se es acusado o encausado por un justiciero de cualquier orientación.
  • Creemos que este movimiento es utilizado por todos los sectores y tipos de discutidores y, si bien es un mecanismo sádico y manipulador, es aplicado con poca consciencia y mucho menos con culpa. El justiciero no necesita explicarse.

Una vez llegados a este Paso ya no puede haber retorno. Para reconstruir la discusión haría falta la aplicación de una crítica discursiva real, una realizada con metodología específica y que ponga en evidencia los mecanismos. Esa crítica debería hacerse, además, desde una posición externa.

Por otra parte, los Pasos 3 y 4 pueden aparecer simétricamente y en paralelo, sin interactuar término a término, tendiendo a construir discursos independientes que sólo pueden ganar espacio por volumen o velocidad de las emisiones. Es el típico efecto, claramente estructural en este caso, del diálogo de sordos.

 

Paso 5. La revisión de la marcha de las discusiones

  • Si bien desde el punto de vista de cada caso a esta altura la discusión está trunca y con todos los rasgos que se consideran como inoperantes, el Paso 5 es muy importante en la medida en que está inserto ahí para impedir la revisión de lo discutido. Los mecanismos presentes para obtener el efecto clausurante son básicamente dos:
    • La ceguera, consciente o no consciente, sobre cuál fue el Paso que generó la ruptura y
    • La búsqueda de al menos el empate argumentativo (‘nos acusan a nosotros pero ellos son al menos iguales’, ‘se acuerdan de esto pero se olvidan de lo otro’, ‘está bien que nosotros nos equivocamos pero ellos también’, etc.).

Esperamos que esta descripción pueda ser utilizada por los que necesiten ampliar su campo de influencia argumentativo y que ello se lo haga para los mejores objetivos. En nuestro entender, parte de las sorpresas que vienen generando diversos resultados electorales, en tanto que ejercicios estadísticos irrefutables, se debe a la poca comprensión sobre los resultados laterales, de difícil explicitación, de estos intercambios truncos.

De todos modos, la presencia de este tipo de intercambios conflictivos y truncos, no debe buscarse necesariamente en la supuesta voluntad suicida de los discutidores, sino en alguna estructuración sociológica de los conflictos en un contexto dado o, peor y más profundamente, por la influencia de un estilo de época que nunca ha sido fácil de transformar sin fuertes y poco frecuentes procesos de innovación.